Hay temas que muchas mujeres conocen por experiencia, pero no necesariamente por información clara. Las infecciones urinarias son uno de ellos. Se viven, se padecen, se tratan, vuelven. Y, sin embargo, gran parte de la conversación pública sigue girando alrededor de explicaciones incompletas: la higiene, la bacteria, el antibiótico, el descuido. Todo eso importa, sí, pero no alcanza para entender por qué tantas mujeres atraviesan este problema más de una vez, ni por qué a veces el malestar parece instalarse incluso cuando ya hubo tratamiento.
Lo más interesante de este enfoque es que desplaza la atención hacia algo mucho más cotidiano y, precisamente por eso, más invisible: los hábitos. La manera en que orinamos. El tiempo que aguantamos. La postura que adoptamos. La tensión con la que vivimos. La facilidad con la que aprendimos a ignorar señales básicas del cuerpo. La terapeuta en suelo pélvico Nataly Burgos aporta una mirada especialmente útil sobre este punto, porque devuelve la conversación al terreno de lo concreto: lo que hacemos todos los días y rara vez cuestionamos.
Cuando habla de infecciones urinarias, Burgos recuerda que suelen manifestarse con señales muy reconocibles, como “ardor, dolor en la parte baja, dolor al orinar”. Son síntomas que muchas mujeres identifican de inmediato. Pero más allá del episodio puntual, lo valioso es entender que el sistema urinario no funciona aislado del resto del cuerpo ni de nuestros hábitos. No es una máquina que simplemente responde bien o mal. También reacciona a la tensión, a la repetición, a la costumbre y a la manera en que hemos aprendido —o no— a habitar el cuerpo.
Uno de los hallazgos más reveladores tiene que ver con algo aparentemente menor: la postura al orinar. Para muchas mujeres, sobre todo en baños públicos, no sentarse ha sido presentado durante años como una medida de protección. Se enseña desde niñas a orinar en cuclillas, suspendidas, o incluso de pie, para evitar el contacto con superficies percibidas como sucias. Esa costumbre parece lógica. Pero no necesariamente es inocente. Burgos lo explica de forma directa: “Se debe orinar sentada, sí o sí, y con los pies en el piso”. Y añade algo que desmonta una práctica profundamente normalizada: “no orinar ni en cuclillas, ni paradas, porque eso tensa toda la zona de suelo pélvico”.
La observación importa porque la micción no depende solo de “soltar” la orina. Para que el cuerpo orine bien, la vejiga debe contraerse y, al mismo tiempo, la musculatura que participa en ese proceso tiene que relajarse. Si eso no sucede, puede quedar orina retenida. Y cuando ese residuo se vuelve frecuente, el cuerpo entra en una dinámica menos favorable. Lo que parecía una simple maniobra de apuro o prevención empieza a verse como parte de un patrón que puede influir en el bienestar urinario de forma sostenida.
Algo parecido ocurre con el hábito de aguantar la orina. A muchas mujeres no se les presenta como un problema, sino como una obligación social. Aguantarse en el colegio. Aguantarse en el trabajo. Aguantarse durante un viaje. Aguantarse porque el baño da asco, porque no hay tiempo, porque da vergüenza pedir permiso, porque siempre hay algo “más importante”. Burgos lo nombra con una frase sencilla y contundente: “el aguántate es algo que creo que muchas escuchamos desde chiquitas”.
La fuerza de esa frase está en que no describe una decisión individual aislada, sino una pedagogía. A muchas mujeres se les enseñó, desde temprano, a postergar necesidades corporales básicas. Y cuando eso se vuelve costumbre, deja de sentirse excepcional. El cuerpo aprende a ser interrumpido, a adaptarse, a funcionar bajo presión. Después nos sorprende que aparezca el malestar, como si no llevara años anunciándose en pequeños gestos normalizados.
No solo se trata de aguantar demasiado. También puede haber hábitos aparentemente opuestos que alteran el funcionamiento urinario: ir al baño “por si acaso”, apurar la micción o cortarla antes de terminar. Son prácticas comunes, sobre todo cuando el día está lleno de prisa. Pero el cuerpo registra esas repeticiones. La vejiga también aprende. Y cuando se le acostumbra a vaciarse antes de tiempo o bajo tensión, puede empezar a comportarse de manera más reactiva, más sensible o menos coordinada.
A esto se suma un elemento del que todavía se habla poco: el suelo pélvico. En el discurso común sobre infecciones urinarias casi todo gira alrededor de bacterias, limpieza y medicamentos. Mucho menos se habla de la tensión muscular, del estrés o del tiempo que pasamos sentadas. Sin embargo, Burgos vincula estas molestias con una musculatura pélvica que puede permanecer contraída, rígida o hiperalerta. Y cuando esa zona vive en tensión, el cuerpo no solo puede experimentar incomodidad: también puede alterar funciones tan básicas como orinar con naturalidad.
Ese punto ayuda a entender por qué algunas mujeres siguen sintiendo urgencia, dolor o irritación incluso cuando ya han tratado una infección. No siempre significa que todo volvió a empezar del mismo modo. A veces el sistema quedó especialmente sensible. La propia especialista lo explica así: “tu cuerpo, a pesar que no hay bacteria, como ha quedado muy sensible, empieza a producir síntomas como si hubiese una infección”.
Ese matiz cambia mucho. Obliga a salir de la idea de que todo se resuelve solamente eliminando la bacteria. En algunos casos, sí hay que tratar médicamente una infección. Pero después de eso, o incluso paralelamente, también puede ser necesario revisar el terreno: los hábitos, la postura, la tensión muscular, la hidratación, el estreñimiento, la alimentación, el nivel de estrés. Es una mirada menos reduccionista y más cercana a cómo funciona realmente el cuerpo femenino en la vida diaria.
La prevención, entonces, se parece menos a una lista rígida de prohibiciones y más a una reeducación. Sentarse bien al orinar. No suspender el cuerpo en el aire. Darle tiempo a la vejiga para vaciarse sin empujar ni apurar. No aguantar de más, pero tampoco ir al baño por rutina cuando no hay necesidad real. Tomar agua. Prestar atención a la humedad sostenida en la zona íntima. Revisar el estreñimiento, que tantas veces se normaliza como si no tuviera consecuencias. Observar también el impacto del estrés y del sedentarismo, porque el cuerpo no separa lo emocional de lo muscular con la facilidad con la que a veces lo hacemos en el discurso.
En esa misma línea, Burgos menciona recursos de apoyo que pueden formar parte del cuidado preventivo, como el arándano rojo, los probióticos y la atención a la microbiota, además de evitar temporalmente ciertos irritantes cuando la vejiga está especialmente sensible, como el café, los cítricos, las gaseosas o las comidas picantes. Lo importante no es convertir eso en receta universal, sino entender que el sistema urinario también responde al contexto interno del cuerpo y a la forma en que lo acompañamos.
Quizá lo más potente de esta conversación es que deja ver algo más profundo que una infección puntual. Muestra hasta qué punto muchas mujeres han aprendido a vivir desconectadas de señales básicas: el deseo de ir al baño, la sensación de vaciado incompleto, el ardor que se minimiza, la incomodidad que se posterga, el estrés que se aloja en el cuerpo hasta tensarlo entero. Hablar de infecciones urinarias, desde esta perspectiva, también es hablar de una pedagogía del aguante que ha sido demasiado común en la experiencia femenina.
Por eso prevenir no es solo evitar bacterias. También es cuestionar hábitos heredados. Es reconocer que lo que parecía normal quizá no era saludable. Es dejar de tratar el cuerpo como algo que debe adaptarse siempre a la exigencia externa. Y es entender que el bienestar empieza, muchas veces, en decisiones pequeñas: sentarse, esperar, escuchar, no apresurar, no callar el síntoma, no acostumbrarse al malestar. Esa forma de mirar el cuerpo, con más atención y menos violencia cotidiana, conversa de manera natural con la misión de Yuriyana Club de acompañar a las mujeres hacia una vida más plena a nivel emocional, físico y sexual a través del conocimiento y de conexiones que enriquecen.
Puedes encontrar el video complementario a este artículo aquí: https://youtu.be/jw4XRTbHirQ


