Suelo pélvico y menopausia: escuchar el cuerpo antes de normalizar el dolor

Hay dolores que no empiezan en el cuerpo, sino en la costumbre de callarlos. La incomodidad vaginal, el dolor durante la intimidad, la tensión en el suelo pélvico o la sensación de que el cuerpo ya no responde igual suelen aparecer en una etapa decisiva para muchas mujeres: la perimenopausia y la menopausia. Lo que está en juego no es únicamente la vida sexual. También está en juego la manera en que una mujer habita su cuerpo, reconoce sus señales y decide si acepta el dolor como destino o lo entiende como un mensaje que merece ser atendido.

Durante años, muchas mujeres han escuchado que, a cierta edad, hay que resignarse: que la sequedad vaginal es inevitable, que el dolor en las relaciones sexuales se resuelve con relajarse o usar un buen lubricante, que la pérdida de comodidad íntima forma parte natural del envejecimiento. Pero esa explicación suele ser incompleta. El dolor no es normal. Dar por cerrada nuestra etapa de mujer no es normal. Y aunque los cambios hormonales son reales, también existen herramientas para recuperar bienestar, comodidad y confianza corporal.

La licenciada Nataly Burgos, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, explica que los cambios hormonales propios de la perimenopausia y la menopausia pueden afectar también la musculatura pélvica. La resequedad vaginal suele ser una de las señales más visibles, pero no siempre es la única. “El músculo poco a poco pasa también a debilitarse y esa debilidad puede traer también mucha tensión”, señala Nataly. Esa tensión puede comprometer la parte urinaria, la sexualidad, la comodidad íntima y el disfrute con la pareja o con una misma.

El suelo pélvico suele mencionarse como una zona que debe fortalecerse. Sin embargo, esa recomendación, repetida sin evaluación, puede quedarse corta. Nuestra cofundadora y CEO Ursula Pfeiffer subraya una idea central: muchas veces se habla de fortalecer, pero poco se dice sobre la rigidez. El cuerpo no siempre necesita más contracción; a veces necesita recuperar elasticidad. Como ocurre con otros músculos, la clave no está únicamente en la fuerza, sino en la capacidad de moverse, distenderse y volver a un estado de equilibrio.

Nataly advierte que muchas pacientes llegan pensando que su músculo está flácido o débil, cuando en realidad presentan una tensión mantenida. Esa tensión puede aparecer por estrés, nervios, inflamación, infecciones previas o como una respuesta de protección del cuerpo. “El músculo no necesita fortalecerse. No necesita cerrarse más. Necesita primero aprender a relajarse”, explica. La diferencia es importante: trabajar el suelo pélvico sin conocer su estado puede ser como insistir en apretar una mano que ya lleva demasiado tiempo cerrada.

El primer paso, entonces, es conocer. No desde la vergüenza ni desde la distancia, sino desde una relación más consciente con el propio cuerpo. Nataly insiste en que muchas mujeres no se exploran, no se miran, no se tocan, y por eso no siempre identifican qué está ocurriendo. “Lo primero es conocerse, conocer qué hay ahí, tocarlo, palparlo”, dice. Reconocer el suelo pélvico, saber cómo se siente, percibir si está tenso o relajado, puede abrir una puerta sencilla y profunda. El cuerpo no habla en abstracto: habla a través de molestias, cambios, tensiones, escapes, dolor o pérdida de placer.

Entre las señales de alerta más frecuentes están los pequeños escapes de orina o gases, la urgencia para llegar al baño, el dolor durante las relaciones sexuales, la inflamación después del contacto íntimo, la sensación de bulto, el dolor al sentarse durante mucho tiempo o la incomodidad durante un examen ginecológico. También puede aparecer una sensación opuesta: sentir la zona demasiado flácida, ajena o desconectada. Todas estas señales merecen atención. No son fallas personales ni simples consecuencias inevitables de la edad.

Uno de los puntos más importantes de esta conversación es dejar de normalizar el dolor. Ursula recuerda que muchas mujeres aprenden desde temprano que el dolor es parte de ser mujer: los cólicos menstruales, el parto, las primeras relaciones sexuales. Esa pedagogía silenciosa termina dejando huella. Pero, como afirma con claridad, “el dolor no es normal”. Puede tener causas orgánicas, musculares u hormonales, pero no debe ser desestimado. En el caso del suelo pélvico, el dolor puede ser una señal de tensión, resequedad, pérdida de flexibilidad o falta de evaluación adecuada.

La vida íntima también se ve afectada. Cuando hay dolor, aparece la anticipación del dolor; cuando aparece la anticipación, el deseo puede retirarse. No por falta de amor, ni por falta de conexión, sino porque el cuerpo aprende a protegerse. Ursula lo plantea con precisión: “¿Qué deseo vamos a tener si es que nos duele?”. En ese sentido, cuidar el suelo pélvico no es un asunto aislado; toca la relación con el placer, con la confianza corporal y con la posibilidad de seguir viviendo la intimidad sin miedo.

Frente a esta realidad, el conocimiento práctico se vuelve una forma de cuidado. Este 22 de agosto, Yuriyana Club ofrecerá el taller presencial de cupo limitado “Suelo Pélvico, Menopausia y Comodidad Íntima”, liderado por Nataly, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico. El encuentro está pensado para mujeres que desean comprender qué ocurre en el cuerpo durante esta etapa, identificar señales de tensión o debilidad, aprender a conectar la respiración con la relajación muscular y conocer herramientas que pueden apoyar la recuperación de la comodidad íntima.

La propuesta no busca exponer a nadie ni forzar conversaciones íntimas. Está concebida como un espacio educativo y seguro, donde cada participante pueda recibir información clara, hacer preguntas y llevarse recursos aplicables en casa. Nataly resume el objetivo desde una mirada práctica: “Vamos a aprender a conocer qué pasa, qué cambios suceden durante esta etapa de la mujer, cómo va a estar tu músculo o qué esperar y, sobre todo, cómo podemos relajar el suelo pélvico”.

Entre las herramientas que se abordarán están los dilatadores vaginales y la Petite Pelvic Wand. Los dilatadores cumplen una función específica: ayudar a flexibilizar el canal vaginal de manera progresiva. Nataly explica que, cuando el músculo está tenso, el diámetro del canal puede reducirse. El objetivo no es forzar, sino acompañar el tejido y la musculatura para recuperar elasticidad. “Lo que ayuda es a flexibilizar, es como si estuvieses estirándolo”, explica sobre su uso. Cuando se combinan con respiración, calor o vibración, pueden favorecer la relajación de una musculatura que ha permanecido cerrada o en alerta.

La vibración también puede cumplir un papel dentro de ese proceso. Según Nataly, “la vibración continua constante emite ondas de vibración” que pueden llevar al músculo a un estado de relajación. No se trata de una solución aislada ni de una promesa rápida, sino de una herramienta que, usada con orientación adecuada, puede ayudar a que la mujer reconozca su cuerpo y trabaje con él, no contra él.

Tal vez una de las ideas más necesarias es que la menopausia no marca el final de la vida corporal, íntima ni femenina. Es una etapa más, con necesidades específicas y preguntas que merecen respuestas serias. Ursula lo expresa con contundencia: “La menopausia no es la muerte, no es el final de la vida, no es el final de ser mujer”. Si la expectativa de vida actual coloca la menopausia alrededor de la mitad de la vida de muchas mujeres, no tiene sentido aceptar que la segunda mitad esté atravesada por dolor, incomodidad o silencio.

Nataly deja una frase que conviene sostener con cuidado: “No están solas”. No como consuelo fácil, sino como constatación. Muchas mujeres atraviesan estas dudas en silencio porque no existen suficientes espacios para nombrarlas. Hablar del suelo pélvico, de la comodidad íntima femenina, de la sequedad vaginal y del dolor durante las relaciones sexuales sin frivolidad ni vergüenza es también una manera de ampliar el vocabulario del bienestar femenino.

Este 22 de agosto, el taller presencial “Suelo Pélvico, Menopausia y Comodidad Íntima” abre una oportunidad concreta para recuperar información, seguridad y recursos. Para recibir toda la información, puedes escribir “MUJER” por mensaje directo a Yuriyana Club o contactarte por WhatsApp al +51 924 763 419.

La pregunta que queda abierta no es solo qué le pasa al cuerpo, sino cuánto estamos dispuestas a escucharlo antes de que tenga que hablar en forma de dolor.

Si deseas ver el video complementario a este artículo, haz clic aquí: https://youtu.be/Hyxfzhlst1s

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