El cimiento invisible del cuerpo femenino
Durante mucho tiempo, el suelo pélvico ha permanecido fuera de las conversaciones sobre salud femenina. Es una zona discreta, invisible, pero esencial: el conjunto de músculos y ligamentos que sostiene la vejiga, el útero y el intestino, y que participa en funciones tan básicas como reír sin miedo, sostener la postura o vivir una vida sexual plena.
La ginecóloga Rina Cuadros, especialista en salud pélvica con más de dieciocho años de experiencia, lo define como “una hamaca muscular entre la vagina, la uretra y el ano, capaz de fortalecerse o debilitarse según nuestros hábitos y la etapa de la vida”. Y como nos recuerda nuestra cofundadora Ursula Pfeiffer, no se trata de fragilidad, sino de conciencia: “Conocer cómo funciona nuestro cuerpo no nos hace débiles, nos hace sabias.”
El suelo pélvico no es un territorio menor: es el cimiento que sostiene nuestra calidad de vida.
Anatomía y vulnerabilidad: lo que nadie nos enseñó
Anatómicamente, las mujeres tenemos tres orificios —uretra, vagina y ano— donde los hombres tienen uno solo. Esta diferencia estructural, explica Rina, nos vuelve más propensas a la incontinencia y a los prolapsos, especialmente después del parto, durante la menopausia o tras años de esfuerzo físico sin conciencia corporal.
La modernidad, sin embargo, nos empuja a movernos, correr, levantar peso, cuidar del cuerpo con intensidad… sin detenernos a pensar en qué parte sostiene todo ese esfuerzo. “El suelo pélvico no se debilita por usarlo, sino por olvidarlo”, resume Rina.
El desafío no es dejar de hacer ejercicio, sino hacerlo con atención.
Ejercicio sí, pero con conciencia
Fortalecer el cuerpo no debe convertirse en un riesgo. Rina lo explica con claridad: “El ejercicio con pesas es maravilloso para mantener la masa muscular y la salud ósea, sobre todo después de la menopausia. Pero debemos hacerlo protegiendo el suelo pélvico.”
Esa protección consiste en un gesto casi imperceptible: una contracción voluntaria de los músculos pélvicos justo antes del esfuerzo. “Cuando sientas que vas a estornudar o levantar algo pesado —dice Rina—, contrae el suelo pélvico y recién entonces haz el movimiento.” Con el tiempo, ese reflejo se vuelve natural, un acto instintivo de autocuidado.
No hablamos de debilidad, sino de prevención. Como señala Ursula, “estas son medidas de inteligencia corporal, no de fragilidad.”
Cómo activar el suelo pélvico
Uno de los mayores retos es identificar la zona correcta. Rina nos da una guía práctica: “Imagina que vas a evitar que se te escape el popó. Esa contracción que haces alrededor del ano activa el músculo principal del suelo pélvico: el elevador del ano.”
El aprendizaje requiere práctica. Algunas mujeres no logran diferenciar esa contracción de la de los glúteos o el abdomen, pero la constancia es clave. Podemos comenzar con una rutina simple:
- Contraer los músculos del suelo pélvico durante 5 segundos.
- Relajar completamente y repetir 10 veces, por la mañana y por la noche.
- Luego sumar la contracción abdominal —llevar el ombligo hacia la espalda— para integrar la zona media del cuerpo.
“Lo mejor —añade Rina— es que puedes hacerlo en cualquier momento: mientras trabajas, manejas o ves televisión. Lo importante es recordarlo.”
El autocuidado comienza por la atención.
Los hipopresivos: fortalecer sin dañar
Entre las técnicas más eficaces, Rina recomienda los ejercicios hipopresivos, conocidos como los abdominales modernos. “Mientras los abdominales clásicos empujan los órganos hacia abajo, los hipopresivos elevan el diafragma y alivian la presión sobre el suelo pélvico.”
El movimiento consiste en vaciar completamente los pulmones, contraer abdomen y suelo pélvico al mismo tiempo, y sostener unos segundos antes de inhalar. Este trabajo no solo refuerza la base pélvica: mejora la postura, estiliza la cintura y tonifica desde adentro.
“Los hipopresivos fortalecen sin dañar”, enfatiza Rina. Son un recordatorio de que la fuerza también puede ejercerse desde la suavidad.
Escuchar las señales del cuerpo
Cuidar el suelo pélvico no se trata solo de prevención, sino también de atención. “Casi el 40 % de las mujeres presenta algún grado de disfunción pélvica, y muchas ni siquiera lo saben”, advierte Rina.
Los síntomas de alerta incluyen:
- Escape de orina al reír, toser o saltar.
- Sensación de peso o bulto en la vagina.
- Dificultad para contener gases o heces.
El prolapso, explica, ocurre cuando los órganos internos comienzan a herniarse hacia la vagina. “Puede iniciar con una sensación de bulto pequeño y avanzar si no se trata.”
A menudo, el problema no es la gravedad del síntoma, sino la negación. “Muchas mujeres asumen que perder un poco de orina es normal después del parto o con la edad. No lo es”, dice Rina. Reconocer lo que no está bien es el primer paso para sanar.
El espejo como herramienta de autoconocimiento
La desinformación sobre el suelo pélvico está ligada a una desconexión más profunda: no conocer nuestra propia anatomía. “Hay mujeres que creen que tenemos un solo orificio para orinar, defecar y tener relaciones sexuales —comenta Rina—. Eso no es ignorancia, es resultado de no haber sido educadas para observarnos.”
Conocernos implica mirar sin miedo. Ursula lo describe como un gesto de reconexión: “No podemos reconocer lo anormal si no sabemos cómo luce lo normal.” Mirarnos con curiosidad y respeto es una forma de reapropiarnos del cuerpo.
El espejo, tantas veces símbolo de vanidad, puede convertirse en herramienta de autoconocimiento.
Romper el estigma: el cuerpo que cambia no se apaga
Parte del silencio en torno a la salud pélvica proviene del miedo a envejecer. Ursula lo expresa con lucidez: “Para muchas mujeres, admitir una pérdida de control corporal equivale a aceptar el paso del tiempo, y la sociedad todavía castiga la edad femenina.”
Rina responde con perspectiva médica y vital: “Vivimos más de ochenta años en promedio. No podemos pasar treinta de ellos renunciando a nuestro bienestar. El objetivo no es no envejecer, sino hacerlo saludablemente.”
La incontinencia o el prolapso no son sentencias inevitables; son condiciones que pueden prevenirse y tratarse. Hablar de ellas no nos vuelve débiles, nos devuelve poder.
Conócete, quiérete, cuídate
Así resume Rina su filosofía: “Primero debemos conocernos, luego querernos tal como somos, y desde ahí, cuidarnos.” Esa secuencia sencilla contiene una verdad profunda: el cuidado del cuerpo comienza por la aceptación.
El suelo pélvico no sostiene solo nuestros órganos; sostiene nuestra autonomía, nuestra confianza, nuestra energía vital. Cuidarlo es una forma de honrar el cuerpo que nos acompaña en todas las etapas de la vida.
Como concluye Ursula: “Cuidar el cuerpo no es un gesto de vanidad, sino de libertad. Cada acto de conciencia corporal es una manera de volver a casa en nosotras mismas.”
Mira el episodio complementario “Tu Suelo Pélvico Importa: Cuida de tu Cuerpo y Recupera el Control” en nuestro canal de YouTube: https://youtu.be/aea03MFNqQU


